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jueves, 19 de junio de 2008

"Sin el Tratado de Lisboa, la Unión Europea no se ampliará"

El gobierno alemán, en voz de la canciller Angela Merkel, dio a conocer su posicionamiento sobre cómo debe proseguir la reforma en las instituciones europeas tras el rechazo irlandés al Tratado de Lisboa.

De acuerdo con la canciller alemana, Angela Merkel, Europa no puede permitirse un nuevo „periodo de reflexión" como el que se produjo en 2005 tras el rechazo a la propuesta de Constitución Europea, por parte de Francia y Holanda.
Bildunterschrift: Großansicht des Bildes mit der Bildunterschrift: Merkel: ''Europa necesita el Tratado de Lisboa".

No hay tiempo que perder

"Europa necesita el Tratado de Lisboa", afirmó Merkel en el posicionamiento del gobierno alemán frente a la crisis desatada por el "No" de Irlanda al documento. Consideró además que no hay tiempo para lamentarse por el resultado irlandés, y que el Consejo de Europa debe adoptar "cuanto antes" decisiones claras e inequívocas acerca de cómo continuará el proceso de reformas europeas.

Al mismo, el posicionamiento del gobierno germano evitó ejercer una mayor presión sobre su contraparte de Irlanda. "Demos oportunidad a que los irlandeses encuentren el camino para regresar al consenso europeo", señaló la canciller en su discurso de cerca de 20 minutos pronunciado ante el Bundestag.

Sobre las consecuencias de un posible estancamiento a raíz de la megativa irlandesa, Merkel hizo advertencias claras: sólo con el Tratado de Lisboa, dijo, los parlamentos europeos tendrán facultades para controlar el funcionamiento de las instituciones europeas.
Bildunterschrift: La presión recaerá en el primer ministro irlandés, Brian Cowen.
Las reformas también son necesarias, continuó la canciller, para que el Parlamento Europeo se convierta en interlocutor con plenos derechos hacia las demás instituciones europeas.

Merkel lanzó además otro llamado urgente: sin el Tratado de Lisboa, la Unión Europea no tendrá capacidad suficiente para continuar ampliándose.

Faltan alternativas

El gobierno alemán, en voz de la canciller, rechazó la idea de una "Europa central" o de una "Europa de dos velocidades". La discusión en este sentido "no lleva a ninguna parte, y por ello implica, en parte, una muestra de negligencia", afirmó.

El pronunciamiento del gobierno alemán fue motivo de críticas en la misma sesión del Bundestag. El diputado de Los Verdes, Jürgen Trittin, dijo que Alemania, en su política para Europa, carece de planes alternativos para hacer frente a crisis como la que arrojó el referéndum irlandés.
Bildunterschrift: Großansicht des Bildes mit der Bildunterschrift: Irlanda rechazó en referéndum el Tratado de Lisboa.
"Este peculiar mutismo de la clase política a la hora de encontrar soluciones es uno de los motivos por los cuales la idea europea no es popular entre los ciudadanos", dijo Trittin.

El líder del Partido Liberal, Guido Westerwelle, calificó a la postura del gobierno alemán como demasiado simplista. "Es muy fácil echar toda la responsabilidad a Irlanda por las soluciones", afirmó.

La diputada socialdemócrata Angelica Schwall-Düren rechazó que el resultado del referéndum irlandés equivalga a un rechazo general a la idea europea. "El proceso de ratificación del Tratado de Lisboa debe continuar; así quedará en claro que los Estados miembros desean una Unión Europea fuerte", añadió.




Enrique López Magallón

lunes, 16 de junio de 2008

“No es posible que la UE deje de lado a Irlanda"

¿Qué consecuencias tiene para la Unión Europea el no de los irlandeses? ¿Cuál es el camino a seguir? DW-WORLD conversó Ingeborg Tömmel, especialista en temas europeos.

Nadie sabe muy bien qué es lo que pasará después del no irlandés al Tratado de Lisboa. Los ministros de Exteriores se reúnen en Luxemburgo; las posibilidades que se barajan son varias. La reunión de jefes de Estado y de Gobierno que tendrá lugar a final de la semana traerá –eso se espera- un poco más de claridad. Por lo pronto, Alemania y Francia favorecen proseguir con el proceso de ratificación; Chequia –uno de los nueve que falta- se decanta, al parecer, por declarar muerto el proceso. DW-WORLD conversó sobre Irlanda y las posibles consecuencias del resultado del referéndum con Ingeborg Tömmel, catedrática de la Universidad de Osnabrück y directora del Centro Jean Monnet para Estudios Europeos.

¿Qué significa este no de los irlandeses para la Unión Europeo? Se habla de una nueva y grave crisis, que la UE se verá paralizada.

Es una exageración. La Unión Europea no entra por ello en una grave crisis, pues seguimos contando con el Tratado de Niza, que no es tan bueno como el Tratado de Lisboa, pero sigue permitiendo que la UE funcione. La crisis no es tan grande. Lo que sí hay que aceptar es que pone de manifiesto la desconfianza al proyecto europeo que se tiene en la población. Los irlandeses lo han hecho evidente; esto representa un abismo entre las élites europeas –que negocian tanto los tratados como la ampliación hacia el Este- y la población, que se intranquiliza y reacciona con rechazo. Yo no creo que se trate de un rechazo específico al Tratado como tal.

¿Con su no, entonces, los irlandeses rechazaron a la Unión Europea? ¿Cuánto de bofetada al propio gobierno hay en este no?

De todo un poco. No sé en qué medida fue una bofetada para el propio gobierno. Pero claro queda que un referéndum de este tipo ofrece un campo ideal para que todo tipo de populistas den una imagen horrible de la UE. Según el Eurobarómetro, los irlandeses son los más europeístas de Europa. Si se plantea la pregunta si la UE es algo positivo, casi 80% de la población están a favor, éste es el índice más alto de todos los países europeos. Pero por el momento hay procesos un tanto enfermizos: los puestos de trabajo peligran y ese tipo de asuntos suelen ser relacionados con la UE. A ello se suma que la ampliación hacia el sureste plantea cierta competencia para Irlanda. De ahí el escepticismo.

Los irlandeses no han entendido el Tratado de Lisboa, aseveró el presidente francés Nicolás Sarkozy…

Siempre se puede echar la culpa a los electores, pero en realidad es una tarea de los políticos el hacer comprender a la población este tipo de cosas. Por otro lado, no tiene mucho sentido someter a referéndum un tratado así. Eso es una cuestión demasiado compleja, que en realidad no se puede responder con sí o no. Si la gente estuviese informada, cabe la posibilidad de que una parte sea aceptada y otra no. Como fuere, el sistema Unión Europea debe ser explicado mejor, para que la población sepa de qué se trata. En este caso tiene la grave consecuencia que un par de millones de irlandeses bloquean el proceso de reforma de toda la Unión Europea.

Con respecto a las consecuencias de este resultado se dice que cuando un país grande la UE dice que no, la UE tiene un problemas. Pero cuando un país pequeño dice que no, el país lo tiene. ¿El camino será, entonces, separar a Irlanda para que los otros 26 sigan con el proceso de ratificación?

La aseveración es demasiado general. La vez anterior no se trató sólo de un referéndum en Francia, sino también en Holanda, ambos países fundadores. En esa medida sí que era un problema. Esta una segunda ronda, y del texto original de la Constitución fueron cambiadas ya muchas cosas. Por ello, no es una cuestión de que los países sean tratados de manera desigual, sino que hay una diferencia sustancial entre ambas rondas. El primer proceso fue parado, además, no sólo porque Francia y Holanda dijeron que no, sino porque era de esperar que también Gran Bretaña y otros dijeran que no. En el Tratado de Lisboa se hizo muchas concesiones a Londres por ejemplo.

¿Cuál es ahora el camino a seguir?

En la UE siempre se ha logrado la cuadratura del círculo. Y esta vez también lograrán incluir a los irlandeses en el proceso de reforma; no creo que sea posible dejarlos de lado.

¿Cree usted en la posibilidad de la Europa de dos velocidades, como con la eurozona o el Tratado de Schengen?

Por supuesto que diversas velocidades son posibles. Pero en este caso no se puede, pues se trata de modos de votación en el Consejo Europeo, se estipula la existencia de un representante de la política exterior europea que es a la vez miembro de la Comisión y preside el Consejo… Es decir, que 26 países voten de una manera e Irlanda de otra, es imposible. La solución no sé cómo debe verse, pero es posible por ejemplo que Irlanda tenga una membresía pasiva y que se active posteriormente.

En caso de que sea obligatorio someter algo así a referéndum –aunque no sea lo más aconsejado- habría que hacer mucho más trabajo de divulgación. La UE tiene un problema de divulgación; hay trabajar en ello para que Europa no vuelva a ser el chivo expiatorio de ciertos populistas. En caso de repetir el referéndum en Irlanda, el gobierno irlandés debería estipular un quórum del 50%. En este referéndum participación fue mayor que en el de Niza, sin embargo, fue muy baja. Si sólo un 45% de la población ha acudido a las urnas, y de ellos poco más de la mitad estuvo en contra, no se puede hablar de que toda la población irlandesa está en contra.

Bildunterschrift: Großansicht des Bildes mit der Bildunterschrift: Según información de agencias, una de las primeras consecuencias concretas es que Francia tendrá que borrar de su agenda la aprobación de la nueva directiva de migración y asilo…

Esta situación desestabiliza a la UE, sí, pero en ningún caso va a paralizar todos los otros temas. Habrá asuntos que tendrán que ser postergados, también. Pero la UE no va a paralizarse por este referéndum.

¿Usted, entonces, sigue optimista?

Sí, una de las cosas buenas que tiene la Unión Europea es que siempre ha podido ser flexible y encontrar el balance entre el enfoque general para solucionar determinados problemas y los intereses de los países miembros. Esto tiene que ser recalcado, y a través de los referéndums lo que queda muy claro es que la UE no es un “gran Estado”, sino una asociación de Estados. Que se entienda esto es sumamente; la gente conoce su Estado nacional y piensa que la UE va a aplastar a sus miembros. Y no es así.

sábado, 14 de junio de 2008

Mayoría en la UE a favor de levantar sanciones a Cuba

Una mayoría de países de la Unión Europea (UE) está a favor de un levantamiento de las sanciones a Cuba. Para hacerlo efectivo se necesita unanimidad.

En una reunión en Bruselas el 16 de junio, los cancilleres de los 27 revisarán una decisión que adoptaron en 2003 tras la encarcelación por parte del gobierno cubano de 75 disidentes, y que en 2005, ante la insistencia del gobierno español, dejaron suspendida, pero sin levantarla.

Fuentes españolas explicaron que el gobierno esloveno –que ejerce la presidencia de turno en la UE– sigue este fin de semana los contactos políticos para acercar posiciones y convencer a los países que todavía se muestran reticentes, entre ellos la República Checa.

Las sanciones implican entre otras cosas la limitación de contactos políticos e intercambios culturales entre los dos bloques. Con el texto que prepara, la UE busca reanudar un diálogo político abierto y que el gobierno cubano acepte la cooperación para el desarrollo.

Momento oportuno, resultado abierto

Sin embargo, nadie quiere especular sobre cuál será el resultado del próximo lunes, a pesar de que son muchos los que creen que el momento político actual que vive la isla es el propicio, después del relevo en el gobierno cubano y de las reformas emprendidas por su nuevo presidente, Raúl Castro.

Por su parte, la Comisión Europea (CE), a través del comisario responsable de Desarrollo y Ayuda Humanitaria, el belga Louis Michel, se sitúa a favor de los partidarios del sí, con el argumento de que no conoce ningún caso en el que las sanciones hayan tenido un efecto positivo.

Según recordó a dpa el embajador cubano en Bruselas, Elio Rodríguez, las sanciones provocaron un empobrecimiento de las relaciones diplomáticas bilaterales. Otra cosa no era tampoco de esperar.

Cuba quiere se levanten las sanciones

"Hemos expresado que si la UE elimina las sanciones, Cuba retomaría inmediatamente la relación entre iguales y la cooperación con Bruselas en varias esferas, como la científica, universitaria y la ambiental", dijo en una entrevista telefónica.

La supresión de "esos obstáculos" tendría efectos positivos en todos los sentidos, opinó, incluso en el económico.

Rodríguez explicó que las sanciones son "inadmisibles", que constituyen una injerencia en la soberanía de su país y que no conoce ningún país que tenga diferencias con la UE al que Bruselas haya impuesto este tipo de sanciones.

Que el Consejo no se decidiera a levantarlas, explicó el embajador, sería un error y una muestra de la falta de interés que la UE tiene por su país.

Sería muy extraño que Cuba consiguiera "con EEUU lo que no pudimos conseguir en 20 años con la UE", agregó en referencia a las promesas del candidato demócrata a la Casa Blanca, Barack Obama, de retomar las relaciones con el país caribeño si gana las elecciones presidenciales.

dpa/pk

Unión Europea: así no se puede seguir

Inmediatamente después de conocerse el "no" irlandés al Tratado de Lisboa de la Unión Europea, arrecian las críticas contra Dublín. La UE le exige perentoriamente a Irlanda una propuesta para salir del atolladero.

Las papas están que arden. El presidente de la Comisión de la UE, José Manuel Durao Barroso, inició inmediatamente después de conocerse el voto negativo irlandés una serie de conversaciones con gobiernos europeos.

Barroso pasará todo el fin de semana y los días siguientes analizando con los jefes de Estado y de gobierno del bloque cómo salir de la crisis en que Irlanda sumió a la UE. Ya el viernes se reunió con miembros del gobierno de España, aprovechando que estaba en el país para la inauguración de la Expo de Zaragoza.

En una primera declaración, el presidente de la Comisión Europea instó a los 27 Estados miembros a buscar de forma conjunta una solución. "No puedo decir ahora cómo será esa solución", dijo Barroso, evitando meterse en camisa de once varas. No obstante, recordó que "los países firmaron el Tratado juntos y por lo tanto tienen una responsabilidad común en sacarlo adelante. Los Estados que aún no lo ratificaron deberían hacerlo a pesar del rechazo irlandés, agregó.

Coro de los lamentos: "la culpa la tiene Irlanda"

A diferencia de Barroso, otros políticos europeos, partiendo de que el resto de los 26 países aprobarán el Tratado, concentraron sus críticas en Irlanda. Hasta ahora, 16 países lo han ratificado. En otros cinco ha sido ratificado en las cámaras bajas y se da por hecha la aprobación en las cámaras altas. En España, Italia, la República Checa, Chipre y Suecia aún no se ha votado, pero se parte también que será ratificado en los Parlamentos. Justamente en el único país donde era imprescindible un referéndum popular, Irlanda, la reforma se da dado de bruces contra el suelo.

El ministro alemán de Relaciones Exterior, Frank-Walter Steinmeier, dijo que una posible salida al dilema es que Irlanda manifieste su voluntad de quedar voluntariamente al margen del proceso, permitiendo que el resto de la Unión Europea (una UE de los 26, en lugar de 27 países), implemente el Tratado de Reforma sin Irlanda. "Pero ello deben decidirlo los propios irlandeses, no es nuestra tarea decirle a los irlandeses qué tienen que hacer", agregó.

El presidente del Parlamento Europeo, el alemán Hans-Gert Pöttering, reflotó la idea de un núcleo europeo. "Necesitamos un debate sobre el futuro de Europa, en el que seguramente desempeñará un importante papel la idea de una Europa con dos velocidades, en la que un núcleo marcha a la cabeza", dijo el político alemán, sin bien recalcando que no es su opción predilecta.

El retorno de la Europa de las dos velocidades

Otro antiguo adversario de la "Europa de las dos velocidades", Jean-Claude Juncker, el primer ministro de Luxemburgo, después de la debacle irlandesa se manifestó también propenso a revisar su posición: "Parece que no queda otra alternativa que crear un núcleo de países dispuestos a llevar adelante las reformas políticas y que el resto se vaya adhiriendo así quiera y pueda", dijo visiblemente enojado.

El secretario de Estado de Europa del Reino Unido, Jim Murphy, llegó incluso a instar al gobierno irlandés a proponer una solución a la crisis generada con la negativa al Tratado de Lisboa y comunicar la semana que viene en Bruselas cómo se puede solucionar el problema.

Murphy insinuó además que los irlandeses se pueden ver aislados si todos los demás Estados llevan adelante el proceso de ratificación hasta fin de año. "Si llegamos al final de este proceso, posiblemente a fin de año, entonces es importante reflexionar sobre por qué 26 gobiernos ratificaron y uno no, y debatir cómo seguimos adelante".

El que paga los platos rotos ahora es el gobierno irlandés, que habiendo abogado por un "sí" en el referéndum, se siente no sólo defraudado, sino también ahora aislado en Europa y es objeto de críticas de todos lados. Por cierto, su situación no es nada cómoda. Al caso parecen venir las palabras de Bertolt Brecht: "lo mejor sería que el gobierno se eligiera otro pueblo".

Pablo Kummetz / Agencias

jueves, 12 de junio de 2008

Irlanda teme perder sus privilegios

Los irlandeses votan el Tratado de Lisboa con miedo a influir menos en Bruselas
ANDREA RIZZI (ENVIADO ESPECIAL) - Dublín - 12/06/2008

Algo más de tres millones de votantes irlandeses tienen en sus manos el futuro de 500 millones de europeos. Tras semanas de vibrante campaña seguida con lupa desde Bruselas, los ciudadanos de la República de Irlanda están convocados hoy a las urnas para decidir si ratifican el Tratado de Lisboa, el acuerdo alcanzado por los Veintisiete para reformar la UE. Irlanda es el único país en el que está planificada la ratificación por vía refrendaria, exigida por la jurisprudencia del Tribunal Supremo. El no de Dublín amenaza con paralizar otra vez el proceso, tras la negativa de Francia y Holanda a la Constitución en 2005.

El establishment político y económico irlandés se ha posicionado en el bando del sí y ha cerrado filas en los últimos días impulsado por el recuerdo de la derrota de 2001, cuando los irlandeses tumbaron el Tratado de Niza. Sin embargo, pese al esfuerzo y a las ingentes ayudas europeas percibidas durante tres décadas, la posibilidad de que el no prevalezca no es poca. Los últimos sondeos indicaban un empate técnico.

Tratar de entender las razones que dan fuerza al no en Irlanda es un viaje a las vísceras del país, actualmente segundo en la UE por renta per cápita tras siglos de atraso. Los argumentos a favor del no son variados -defensa de la neutralidad irlandesa, rechazo a una política de defensa común y a la nuclear, junto a la crítica por la tremenda complejidad del texto-. Oyendo a los activistas, todas las críticas tienen un denominador común: el sueño de una Europa mejor. Pero excavando en las bases, la impresión es que en el rechazo pesan más los miedos que los sueños. Fundamentalmente, perder bienestar y los privilegios conquistados en estos años.

El argumento más común del no es la disminución de influencia de Irlanda en la UE. "Los países pequeños perderán peso en el Consejo, por su escasa población. El poder de veto será reducido. Y en la Comisión no tendremos garantizado un comisario", resume Patricia McKenna, líder del Movimiento del Pueblo, la principal plataforma del no. Esta tesis la respalda el Sinn Fein, el único partido del arco parlamentario que pide el no. McKenna, que también protagonizó la campaña anti-Niza en 2001 y que fue eurodiputada verde, subraya que su lucha es contra "un proceso sin legitimidad democrática, en el que se ha reempaquetado la Constitución rechazada en 2005, quitando el derecho de opinar a los pueblos".

Pero a pie de calle, lejos de aspiraciones idealistas, la sensación es que lo que más molesta es el aumento del poder de Bruselas en detrimento de Dublín. "Nuestra población es el 1% de la UE. Tendremos el 1% de acciones en la empresa UE. Es decir, nada", afirma un comerciante. Esta sensación es recurrente en conversaciones con taxistas, en bares o en los pasillos del Trinity College.

El referéndum ha puesto en apuros al recién estrenado primer ministro, Brian Cowen, quien ha admitido no haber leído el texto del Tratado. La campaña ha evidenciado de manera clara la distancia entre el Tratado y la gente. Nadie lo entiende y es difícil encontrar en él beneficios concretos para los ciudadanos.

En las calles de Dublín, las pancartas del no invitan al voto "para conservar el comisario" o "mantener los impuestos bajos". Las del sí, "para permanecer en el corazón de Europa". Entre la concreción de los primeros y la vaguedad de los segundos hay un abismo que puede costar caro a Europa. Ayer, al menos, hubo un respiro: los parlamentos de Finlandia y Estonia aprobaron el Tratado de Lisboa.

miércoles, 11 de junio de 2008

¿Pende la UE del hilo del referéndum irlandés?

Aunque lo ratificaran los otros 26, bastaría que el no ganase en el referéndum del 12 de junio en Irlanda para que el Tratado de Lisboa no pueda entrar en vigor. La incertidumbre cunde.

Tiene que ser ratificado por los 27 países para poder entrar en vigor: el Tratado de Lisboa –acuerdo pensado para agilizar la vida comunitaria de la Europa de los 27 y que se logró con mucho y arduo trabajo después que Francia y Holanda rechazaran la Constitución por voto popular- se somete el 12 de junio a referéndum en Irlanda. Aunque según diversas encuestas el sí lleva una decorosa ventaja, el 40% de indecisos tiene en vilo al futuro inmediato de la UE.

Un solo no basta

Dado que, según los acuerdos vigentes, todos los países tienen derecho a veto, aunque 26 de 27 digan sí, basta que uno diga no para que el lío se arme. El referéndum en Irlanda para ratificar el Tratado de Lisboa hace castañear los dientes comunitarios. Si gana el sí, todos felices y el proceso de ratificación seguiría su cauce. Por el contrario, las opciones de lo que pasaría en caso de que ganara el no tienen en un extremo de su espectro un gran bing bang para la Unión Europea y, en el otro, una exclusión de Irlanda del club europeo. Una repetición de la convocatoria a las urnas es otra opción; una marcha a dos tiempos –algo así como 26 más 1- también sería posible, dicen los entendidos. Aunque, en realidad, se prefiere no hablar de los posibles planes en caso de que los irlandeses se opusieran una vez más –ya lo hicieron con el Tratato de Nizza en junio de 2001- al curso de los acuerdos europeos.

Bildunterschrift: Großansicht des Bildes mit der Bildunterschrift: Dublín.¿Motivos?

Pero, ¿por qué habría de ganar el no? ¿No es Irlanda uno de los países que más ha sacado provecho de esta sui géneris unión económica que pretende llegar a ser una unión política? Desde que en 1973 ingresó a la UE, la pequeña isla norteña se ha convertido en el Tigre Celta: en 35 años, de un país modestamente agrario pasó a ser una nación modelo por su prosperidad y avances tecnológicos. Sin embargo, ésa no es la pregunta de este referéndum. Según Alioth Martin de DW-Radio, no se trata de cuestionarse si “los irlandeses han sacado provecho de la UE, o si les ha ido bien con esta unión, tampoco si quieren seguir siendo miembros de ella. A todo ello, sin duda, contestarían positivamente”.

Es decir no es con la Unión Europea, es con el Tratado de Lisboa, con lo que los irlandeses tienen sus problemas; y éste se ha convertido en la plataforma donde salen a danzar los temores más variopintos. La pérdida del comisario irlandés y la desaparición del derecho a veto a favor de una doble mayoría se ven como desventajas. Por otro lado, pesan en la población también ciertos fantasmas irracionales: la legalización del aborto o la supuesta llegada masiva de profesionales del continente. Aunque dudar es legítimo, el fracaso del Tratado sería un gran impedimento para la configuración del futuro inmediato de todos los otros. “Para que Europa deje finalmente de estudiar su propio ombligo, los irlandeses deben ratificar ese tratado. Lo que no significa que sea una obra maestra”, opina Alioth.

Una cuestión de lealtad

“Los otros miembros de la UE han brindado mucho apoyo y solidaridad a Irlanda. En retribución, cabe esperar lealtad”, aduce por su parte Jo Leinen, miembro del Parlamento Europeo encargado de asuntos constitucionales, quien como muchos otros hace hincapié en los beneficios que le ha traído la UE: entre ellos, la tasa de desempleo es la menor de toda la UE y, en estos 35 años, el producto interno bruto se ha triplicado. A ello se suma el notable incremento de las exportaciones.

Bildunterschrift: Großansicht des Bildes mit der Bildunterschrift: Propaganda a favor del no en Dublín.Sin embargo, no se trata de ello, sino de un Tratado, que según estadísticas la mayoría –los indecisos- ni siquiera sabe de qué se trata. Y ése es el campo perfecto para todo tipo de euroescéptico, sean insulares o continentales, que han volcado sus esfuerzos en nutrir el no. “Los referendos sobre tratados europeos siempre han conllevado un gran potencial de riesgo”, explica Leinen y añade: “todos los que se sienten mal de alguna manera, quieren darle una cachetada a la política y en los asuntos europeos eso es especialmente fácil pues la UE parece bastante lejana”.

Soluciones insulares versos supranacionales

Y parece más lejana aún, cuando se vive en los linderos de la UE´: “Cuando se proviene de una isla, siempre existe el peligro de tener un pensamiento insular”, aseveró ante la emisora Deutschlandfunk por su parte el inglés Graham Watson, líder de la fracción Liberal en el Parlamento Europeo, quien –aparte de la desinformación- no ve motivos para oponerse al Tratado de Lisboa: “¿Cuáles son los tres más grandes problemas de todo gobierno en Europa? El crecimiento demográfico y la presión de la migración; el cambio climático y la seguridad energética. Y tercero: el crimen organizado y el terrorismo. Los tres son problemas supranacionales, para los cuales hay que encontrar soluciones supranacionales. Para ello necesitamos a Europa”. Así de claro como lo ven los políticos, lamentablemente no lo ve la población… la incertidumbre cunde, y ésta se disipará un viernes 13.

Mirra Banchón