domingo, 4 de enero de 2009

Urus del Perú y Bolivia se unen

Las islas flotantes de los urus sobre el lago Titicaca en Perú recibieron a los bolivianos en un encuentro en que los niños fueron protagonistas.
• Ritual del lado peruano del lago con el ingreso de Manco Kápac y Mama Okllo.


Un niño uru uruito va a aprender a nadar. Pese a que vive alejado de las grandes masas de agua, este pequeño ha aprendido que sus hermanos, habitantes del lago Titicaca, son grandes tejedores de totora, pescadores innatos y tienen la costumbre de bucear como cosa de todos los días. El pequeño está listo para su primera lección en territorio peruano, donde una veintena de islas flotantes ha recibido a los bolivianos para compartir sus saberes.

4.500 años no bastaron para sepultar a la cultura de los Urus. A pesar de estar separados por grandes extensiones de territorio, los cuatro asentamientos de esta milenaria nación han decidido apostar por la unidad.

Para esto se ha celebrado la tercera versión del Encuentro Binacional de los Urus de Bolivia y Perú. El objetivo, consolidar un proyecto educativo entre los dos países que fortalezca a esta milenaria nación a partir de la interacción entre adultos y niños. Solos son débiles, pero juntos, pueden lograr grandes cambios.

En el territorio peruano, los habitantes de las islas flotantes del lago Titicaca (los urus chulluni) recibieron a los tres asentamientos bolivianos —chipayas, uruitos y muratos— que viven en los departamentos de La Paz y Oruro.

En estas islas, a 3.810 metros sobre el nivel del mar, se realizó un ritual de integración que partió en una marcha desde de la bahía de Puno. Allí, las voces de los niños se entremezclaron, así como sus vestimentas tradicionales y sus saberes ancestrales. Los adultos, mientras tanto, discutieron sobre las posibilidades legales, políticas y culturales de un proyecto educativo común.

Una cultura que no muere

Son los "hijos del amanecer", la raza primigenia de América. De piel más oscura que la de los aymara, los Urus se remontan a tiempos anteriores al del imperio inca. Y ahora, en una marcha ceremonial que acompaña con música a las figuras alegóricas de Manco Kápac y Mama Okllo, muestran su riqueza cultural.

Ximena Cáceres Ortiz, coordinadora de los encuentros Urus Perú-Bolivia, es representante de la Fundación Machaca Amawt’a, entidad que busca apoyar el fortalecimiento de esta nación. “La cultura Urus se encuentra ubicada territorialmente en dos estados de Latinoamérica y en dos departamentos del lado boliviano. Erróneamente se considera que son sólo peruanos o son sólo bolivianos. En el lado boliviano se cree equivocadamente que sólo son chipayas, olvidando a los otros dos asentamientos”.

Estos encuentros han surgido a raíz de la inquietud del asentamiento uru uruito, ubicado en la provincia Ingavi del departamento de La Paz. “Ellos querían trabajar con los Urus, pero no le hallaban sentido a fortalecerse sólo dentro de su comunidad, anulando al resto de sus hermanos”, explica Cáceres.

Los cerca de 200 uruitos, que viven en un territorio muy reducido, vieron necesario que para que su cultura se reproduzca necesitaban unidad. Por ello, el 2005, se planteó la idea de un proyecto educativo binacional. “Es importante que los niños puedan integrarse entre ellos, no tiene sentido que sólo los dirigentes se encuentren si los niños son parte importante de estos procesos”.

La principal preocupación de las autoridades de estos pueblos es que se están perdiendo muchas de sus prácticas. “Por ejemplo, los iruitos, al estar en una zona netamente aymara, no pueden participar en la natación o la regata con balsas de totora, que son conocimientos propios de los urus. Estos encuentros permiten recuperar esos saberes”.

Emprendimiento inédito

El proceso va en serio. Mediante la Cancillería se trabaja en esta experiencia piloto. “Si bien en el continente hay muchos pueblos indígenas en diferentes estados, hasta ahora no se conoce de un proceso para crear un proyecto educativo binacional que, partiendo de lo educativo, tiene el objetivo final de fortalecer una nación”, expone Cáceres.

Y como la idea es compartir saberes en este tercer encuentro, las autoridades nacionales también se han involucrado de mejor forma. Participaron representantes de ambos estados para concretar este proyecto, teniendo en cuenta que los cuatro asentamientos son muy diferentes. Por ello se aprovechan las particularidades de cada uno para tener una visión de nación.

Los iruitos, por ejemplo, tienen un territorio tan reducido que no pueden vivir ni de la agricultura ni del ganado. Antes vivían de la pesca, pero como el río está seco, se han visto obligados a migrar a las ciudades y al extranjero. En la comunidad ahora hay 14 niños en la escuela, la mayoría mujeres. los niños de edades más avanzadas están en escuelas aymaras.

Por su lado, los chipayas, viven en un territorio propio, aunque inhóspito. Como está lleno de sal, los chipayas viven de la crianza de animales, aunque hay muchos que se van a trabajar a Chile.

Mientras, los muratos, que viven en torno al Poopó, tienen como principal actividad la pesca. Pero como el lago se está volviendo salar y ya no está lloviendo, los hombres se van por épocas a trabajar a Oruro, dejando en la comunidad a niños y mujeres que se dedican a pastear ganados ajenos en la región de Huari, pues como el 80 por ciento de sus tierras son salinas, se ha hecho imposible el trabajar la tierra.

Ya en aguas peruanas y con mejores condiciones gracias a la cercanía del lago Titicaca, los chulluni basan su economía en el turismo, la artesanía y la pesca.

Se trata de cuatro realidades muy distintas en que la inminencia de la extinción ha hecho que se estrechen lazos fraternos. Da que pensar que sólo los chipayas conserven su lengua ancestral. Por ello, los niños son ahora la esperanza de un futuro mejor.