Rubén D. Dabdoub Azogue
Digo que existe una cultura de la mentira en el país porque es una manifestación tradicional de los gobiernos de turno, que siempre han tildado al departamento de Santa Cruz de separatista, egoísta y sedicioso, manifestación presente en todos sus actos proselitistas con el fin de desvirtuar y distraer la atención del pueblo de sus verdaderos intereses políticos y económicos. Cuando revisamos la historia, vemos que esta manifestación es la mayor mentira generada por las personas que tienen angurria por mantener el centralismo secante y controlador de poder en Bolivia.
Para fundamentar este adjetivo cultural, basta conocer algunos hechos históricos de la República y la forma cómo Santa Cruz contribuyó a la unificación y a la democracia.
En la Guerra del Pacífico, el Gobierno de turno no convocó a Santa Cruz a la contienda bélica, porque este departamento se encontraba muy distante; aun así, los ciudadanos se organizaron y conformaron el batallón Velasco, y con lo recaudado por sus habitantes movilizaron a este grupo de voluntarios al frente de batalla. ¿Será que esto es desconocer a Bolivia?
Mediante el Memorándum de 1904, Santa Cruz manifestó al Congreso Nacional dos aspectos importantes: la unidad del país mediante la vinculación del oriente con el occidente, a través de la construcción del ferrocarril, y la salida soberana al océano Atlántico mediante los corredores fluviales naturales, por el norte (río Madera) y por el sureste (río Paraguay). Además, manifestaba que la irresponsabilidad de no asumir estos desafíos llevaría al país a una fuerte exclusión del oriente boliviano y a satisfacer los intereses egoístas de algunos en beneficio del usurpador chileno.
En 1956, Santa Cruz reclamó las regalías de hidrocarburos departamentales que estaban establecidas en la ley de 1938; a raíz de esto fue estigmatizado como sedicioso y enviaron a las hordas ucureñas a sofocar y oprimir por una reivindicación legal, reclamo que hoy favorece a todos los departamentos que producen o producirán hidrocarburos en sus regiones. Lo más noble y de gran equidad fue cómo legisladores cruceños determinaron el porcentaje de las regalías; simplemente se dividió el 100% de los recursos de los hidrocarburos entre los nueve departamentos y su resultado fue el 11%.
En 1984, Santa Cruz se levantó en protesta por la designación a dedo de los alcaldes municipales por el Gobierno central y exigió la elección del burgomaestre mediante voto popular, decisión democrática que hoy en día es reconocida y ejercida por todos los municipios del país.
Hoy, Santa Cruz lucha nuevamente para fortalecer la democracia del país buscando las autonomías departamentales, demanda exigida por el soberano en un referéndum que el Gobierno quiso desvirtuar en su verdadera esencia y desconocer ese derecho. Por ello continúa tildando a Santa Cruz con el discurso de ‘separación’ y explotando la cultura de la mentira.
* Ciudadano